¿ARTE EN IÑURRITZA?

Dentro del panorama artístico actual, inicio con estas reflexiones una serie de trabajos en torno a una realización cultural concreta y en función orientadora y crítica acerca de las tareas desarrolladas hace cierto tiempo en la iglesia de Inurritza de Zarautz.

Me propongo seriamente la información sobre esta forma de expresión artística. Me parece orientador para todos aquellos amantes del arte; para procurar salvar la incomprensión de muchos en un frente cultural tan decaído en nuestra tierra (tal vez no lo tuvo nunca suficientemente intenso), que muchísimas veces ha demostrado dejadez, despreocupación y sobre todo ignorancia.

Hoy más que nunca se habla del arte y la cultura. ¿Qué se hace por ello?

El cultivo del arte obliga a las personas a enriquecer su sensibilidad; a hacerse preguntas y respuestas interpretativas para su propia satisfacción o para su necesidad de entendimiento de los conceptos y expresiones; a modelar su educación; a dar contestación a su interés estético. Porque el arte constituye una base moral de vital importancia para nuestra cultura y para las creaciones estéticas en nuestro País, ya que entraña fortalecimiento y continuidad de nuestra historia.

En nuestra querida Euskalerria existen obras escultóricas (sobre todo religiosas) de nuestros anteriores maestros, artistas representativos que son modelo y ejemplo del buen quehacer, muy significativo y profundamente expresivo.

Actualmente, artistas de la tierra han demostrado estar a la cabeza de la Península, entre los primeros de Europa, dando nota destacada en acontecimientos mundiales. Este signo es lo que hace que consideremos el arte como un elemento vivo en nuestra cultura.

Estos criterios inicialmente están basados en una problemática «arquitectónica» de los trabajos, bajo la forma de un ensayo-creación de pintura-escultura, situándose dentro de un esquema de investigación.

Pienso que la profesión artística cumple una función social: la de sensibilizar a la colectividad. Desgraciadamente no ha sido acompañada esta actividad por el reconocimiento total del público. Por otro lado, tampoco puede pretenderse siempre un éxito rotundo de la obra estética presentada.

Expresando mis propios sentimientos, diría que es demasiado peso para soportarlo dentro de la sociedad artística: uno ha de realizarse en el seno de su propio interior, de su propia exigencia. ¡Cuidado con aquello de que te quieres convertir, de que otros harán lo que quieran de ti! Situación real y compleja que se produce constantemente en casi todos los terrenos y actividades del mundo en que vivimos.

Situémonos ahora ante el esquema, extraordinariamente complejo, de la idea concreta para la realización de una obra, que he querido plasmar de forma minuciosa. Dicha labor, dentro del mundo del arte, es por un lado arriesgada ante la serie de incomprensiones que puedan presentarse y ante las valoraciones contradictorias que suelen producirse con respecto al artista en la puesta en marcha de su esquema, incondicionalmente entregado a ello con su afán y su esfuerzo.

La obra que aquí estudio es sólo una síntesis de mi labor. La situación ambiental artística, problemática y compleja, me impide una creatividad más fecunda y frecuente.

En numerosas ocasiones el artista se siente en dificultades para alcanzar el éxito, tan deseado por el sacrificio y afán prestados a los problemas que surgen, e intenta de la manera más orientadora y eficaz resolver la papeleta en este difícil mundo del arte.

El artista desea ser libre, se emancipa, crea su propio taller y, en ocasiones, su propio estilo. En arte, una tendencia, un estilo, sean mejores o peores, son sumamente comprometidos. Yo afirmaría que toda tendencia o estilo tienen su razón de ser según la época o tema de que se trate.

La obra estará así más o menos lograda según hasta qué punto haya logrado expresar el motivo intencional. Cuando la obra gusta o triunfa por su fuerza, originalidad o expresión, crea o hace estilo. Ya través de su contenido expresivo y de su personalidad, en cuanto aspira a ser una buena producción estética, va definiendo el arte.

Las obras difíciles de comprender y valorar acomplejan o dificultan la voluntad más firme del artista, a quien estas incomprensiones o actitudes acarrean constantes indecisiones en su acción creadora.

La escultura -como la poesía, la música- es un esfuerzo constante que enriquece y da sentido a una vida que debe meditarse cada día, para que, cada vez con mayor intensidad, se comprenda el arte como tarea propia de todos.

UN POCO DE HISTORIA

San Pelayo en Inurritza de Zarautz: o el santo escogido por los trabajadores en los astilleros que, cerca de Mollari -en el canal-, se situaban.

La historia, según D. Venancio Amezti, es ésta: la primitiva ermita dedicada al santo patrón (año 1540 o mucho antes, no hay certeza del comienzo de esta devoción) estaba cerca del mar, en donde se encontró una efigie del santo mártir que fue desprendida, por la tempestad, de la proa de un barco.

Hallándose en ruinas la ermita primitiva se toma el acuerdo para la nueva el año 1744. La efigie, que se encontraba muy castigada por las fuertes tempestades, se decide llevarla a la Parroquia en 1843. Al año siguiente el Ayuntamiento, por unanimidad, acuerda comenzar las obras para levantar una nueva ermita (la actual). Los problemas económicos surgen y son los marqueses de Narros quienes apoyan la acción para que los trabajos sigan hasta su terminación, que fue el 24 de junio de 1951, día de su bendición e inauguración.

Desde entonces, y debido al paso de los años y a las inclemencias del tiempo, ha sido varias veces mejorada. Últimamente, y bajo la dirección de D. Germán Eizaguirre, se consigue la mejor realización de obras que se hayan hecho en esta ermita.

Existen libros, «Mandatos de los Obispos», en el Archivo de la Parroquia, adonde no he podido tener acceso. iQué avances para la cultural Resulta que cuando uno se empeña en la historia de su pueblo, es apartado para que la ignorancia continúe a capricho de quienes, a disposición del pueblo, deberían estar obligados, en conciencia, a que los libros y documentos estuvieran a disposición del pueblo y no «forrados» por telas de araña.

Limitándome siempre a amigos e interesados directa e indirectamente por la historia (D. Gonzalo -párroco de San Pelayo en Inurritza-, padre Iturria, Junta de San Pelayo y otros) , consulté también con el Museo Naval de Madrid acerca de los mascarones de proa, de lo que ya tenía cierta idea puesto que cumplí el servicio militar en dicho Museo, y ofreciéndoseme toda ayuda e información sobre el tema.

EL MASCARÓN DE PROA

Las naves y embarcaciones, desde los tiempos prehistóricos, eran elementos fundamentales e imprescindibles para empresas propias de caza, pesca o guerra, símbolo de cada raza o tribu.

El mascarón, visto desde el punto de vista artístico y representativo, constituye un alarde de los maestros tallistas, donde la belleza y el significado de la figura se hacen patentes. Al paso del tiempo, el mascarón adquiere progresiva importancia tallándose hasta sus propias extremidades, lo que enriquecía las naves de aquellos tiempos. Estas tallas asignadas a la proa fueron especialmente figuras femeninas, imágenes de dioses, efigies de santos, escudos, etc.

¿Ciertamente era el auténtico mascarón de proa dedicado al santo el que estuvo sobre el altar en la primitiva ermita? Si esto fuese así, sería el mismo que trasladaron a la Parroquia. y me pregunto ¿con qué datos contamos acerca de la efigie durante el tiempo que estuvo en la Parroquia, sobre su estado de conservación y sobre cuándo se «eliminó» la auténtica para ser suplantada por otra?

Es de lamentar que no tengamos la seguridad de que en la ermita primitiva estuviese, presidiendo el altar, el auténtico mascarón con la efigie del santo, que más tarde -con la nueva construcción de la ermita posterior- fue restaurada o sustituida por otra nueva, igual o semejante a la deteriorada.

Hace pensar en el hecho de que la Iglesia, imponiéndose (también por entonces) para que la imagen del santo fuese «figura normal», como las que habitualmente conocemos, ha generado una «generación» de imágenes clásicas en los templos, no admitiendo en los altares otro tipo de escultura, en cuanto ésta modelase a los mismos santos bajo otra forma de interpretación estética.

¿Nos damos cuenta de con qué joya artístico – histórica – cultural - religiosa contaríamos si en alguna ermita o iglesia -en este caso en Inurritza- hubiera un retablo-mural, una imagen o efigie en mascarón conservado o restaurado ?

No tuve la valentía de proyectar la nueva imagen del santo, como mascarón, para la iglesia de Inurritza, temiéndome una falta grave en cuanto a la concepción de imaginería religiosa tan minuciosamente llevada en otros aspectos, dentro de las reformas de la Iglesia, por parte del responsable y encargado del Obispado. Mi primer pensamiento creativo hubiera desbordado muchos interrogantes. Fui suavizando la idea inicial y reflexionando sobre otras nuevas acerca de la figura a fin de forzar nuevas soluciones.

NOTA CURIOSA

Siendo yo joven, un día de invierno que acudía al colegio, se dio la noticia en el pueblo de que, por el temporal reinante, el mar había arrastrado mucha arena de la playa y que, entre ella, había aparecido un barco frente al golf. Cientos de jóvenes acudimos rápidamente al lugar indicado y, en efecto, antes de llegar al sitio señalado y a cierta distancia, se apreciaban unas grandes «costillas» entreabiertas de una barcaza, inclinada sobre uno de los lados y enterrado en su mayor parte por la arena. Daba la impresión de un esqueleto de ballena (por eso, lo de «costillas»; la imaginación rápidamente nos trasplanta a esa primera visión que nuestros abuelos nos contaban de barcaza-costilla-ballena). y efectivamente, era un casco viejo cuyos maderos perfectamente alineados, aunque destrozados, impresionaron a toda la gente que acudió a verlos, hasta que días después el mar, con su fuerza y poderío, hizo volver la arena a su lugar enterrando de nuevo la barcaza.

Los viejos arrantzales nos contaban que la «aparición» por causa de las mareas era normal y que ello ocurría con cierta frecuencia, sobre todo en temporales como aquél, en que se movían grandes cantidades de arena en cualquier zona de la playa.

Botón de muestra, como indican los escritos, de la importancia de los astilleros en aquella época y del lugar cercano en que se encontraban.

COMIENZO DE LOS TRABAJOS

Un día, llamado por el gran maestro Jorge de Oteiza, acudí en Zarautz a la reunión en la que se trataba de recoger ideas para el nuevo frente mural que se proyectaba en la iglesia de San Pelayo.

Iniciamos con entusiasmo nuestras charlas y reuniones periódicas aportando una serie de trabajos en torno al proyecto, criterios que inicialmente se referían a una problemática del lugar, para situarnos después dentro de un esquema de espacio. Una vez que el grupo tomó la decisión de llevar adelante el estudio Oteiza nos dejó a nuestra propia iniciativa para convertir en realidad la idea proyectada, aunque siempre estuvo al tanto de los detalles, lógico en este caso, al tener a nuestro lado al más grande de nuestros maestros.

No se me olvidará, en aquella primera reunión que tuvimos la fuerte impresión que Oteiza me produjo cuando reaccionó violento a unas propuestas o ideas que se planteaban alusivas al «hallazgo» de la imagen del santo en las cercanías del canal o astillero. Rompiendo el diálogo exclamó: «Los vascos no encontramos los santos por los suelos, sino aquí dentro», señalando con su mano el lugar del corazón. Pura energía la del maestro, que utiliza su lenguaje para hacer meditar y orientar sobre la realidad que acarrean los pensamientos nuevos.

A Egaña (franciscano), que llevó el peso de todo este proyecto y que fue el realizador de la pintura mural de la iglesia, artista de una fascinante evolución creadora, quiero aprovechar la ocasión para ofrecerle el testimonio de la auténtica dimensión de su aventura artística.

Entre tanto, y teniendo plena libertad de ejecución, basé los fundamentos para representar al santo patrono en mi obra: FUERTE POR SU FE, SUGESTIVA DE MOVIMIENTO POR SU MARTIRIO y ENTRE-MEZCLADA CON COSTILLAS DE MADERA DE ASTILLERO, base principal a la hora de proyectar la escultura para la iglesia de Inurritza.

Quisiera avanzar en esta reflexión y no «pasarme»; porque «pasarse» no es avanzar sino destruir. Sería como confundir mi propia situación ante la comunidad y ésta tiene una sensibilidad de alerta y trabajo en el desarrollo del bien común. Va siendo hora de que la situación se defina porque, a la velocidad con que se mueven las cosas, me figuro más lejano el encuentro de ideas, pareceres o interpretaciones.

Valga una explicación del significado de mi obra como un estímulo en el esfuerzo colectivo por comprender las cosas.

Las nuevas concepciones que el hombre configura hoy van formándose según su conciencia y sus propios datos, renovándose el modo de figurar y representar esta imagen.

El hombre que consigue arte transforma, a través de su lenguaje expresivo, sus íntimos pensamientos y su vida presentándolos por medio de su obra y puede abreviar explicaciones señalando sencillamente a través de aquélla sus factores de expresión.

No busco en mis obras {ni en las exposiciones presentadas) explicaciones para prodigar palabras sobre ellas, sino los propios valores que encierran. y creo que el escultor, como todo artista, debe estar en su taller siguiendo sus propias experiencias personales. Pero el tener que compartir su vida con la sociedad le obliga a escapar de su individualidad.

El artista, en general, debe prestar un servicio a la sociedad porque hace posible con sus obras una comunicación humana y ésta es fundamental en cuanto la obra pertenece a la comunidad. En este caso el artista no es el único intérprete de la obra: lo somos todos al establecerse un contacto que da origen a la obra ya su destino. Y, por consiguiente, atañe a algo más que al propio destino del artista.

La sinceridad en el arte es la mejor aportación, como diría Oteiza en su «Propósito experimental, 1956-57»: CREO QUE ES LA ESTATUA LA QUE HACE Y NO EL ESCULTOR A LA ESTATUA. Oteiza es para mí el maestro que encarna el sentido de la observación con el sentido del mensaje. De ahí la inquietud que me produce en conocerle cada vez más y en encontrar la fe en sus valores esenciales como artista.

Cuando nuestro trabajo parece encaminarse hacia la investigación y evolución que actualmente exige el arte, la actitud de ciertos señores cambia por completo e intentan destruir lo que en deber de conciencia estamos obligados a ser: revolucionarios por el progreso.

Aunque no me sea grato decirlo, personalmente he tenido que afrontar ciertas críticas o pareceres (que lo veo correcto, máxime tratándose de un hijo del pueblo y además conocido) tachándome, acerca de los trabajos realizados, con preguntas como ésta: «Por hacer eso ¿cuánto has cobrado?» En otra ocasión, un amigo: «Para los jóvenes está bien, pero para los de 45 años para arriba...»

Sólo me cabe decir: TRISTE IMPRESIÓN PRODUCE LA PERSONA QUE NO SE PREOCUPA POR ENTENDER. Personas que no avanzan; que por su no aceptación quieren convertir la situación en un drama. Para qué seguir. Tienen también el derecho de opinión, que yo respeto.

En un reto a mí mismo, para que mi impulso inicial estuviera en comunicación con los demás, pensé en compartir mi obra como dentro de un patrimonio colectivo, estudiándola desde distintos puntos para obtener así unos resultados positivos. Porque pienso que el artista que no ama un proyecto queda mutilado para ejecutarlo. Por eso, los bocetos proyectados para la escultura mural de Inurritza están realizados tras recopilar notas y datos que tenía recogidos, concibiendo hacer la imagen en madera para así romper la dureza de la piedra que domina el lugar. Egaña, al pintar con su temática la composición, centrando así la escultura, mejoraría sensiblemente mi obra. Como así sucedió.

A la hora de escoger con seriedad la obra a realizar, bajo un movimiento de concepción estética actual, ya la vista de un mural vacío en donde desarrollar y definir todo un trabajo formal, fijé unas normas elementales para la figura, estudiando el tamaño ante el espacio para encontrar aquello que intuitivamente consideraba mejor, y para que la pureza figurativa se comprometiera con claridad. He aquí mi preocupación en definir desde el comienzo mi tarea.

FUERTE POR SU FE

La tradición histórica de la fe en nuestro País viene heredada desde hace mucho tiempo (las cosas han cambiado ahora ¿culpables? no pretendo analizar la situación, que no viene al caso), así como el culto al joven mártir, que no se rindió a las apetencias de Abderramán III.

«Si fuerte fué su fe, fuerte debe ser su imagen.» Para la configuración de la figura-fuerza de la escultura fue precisa la búsqueda de una conclusión adecuada al proyecto iniciado, que fue tomando forma en tamaño y expresión, dentro de mi estilo, para dar a la figura una versión nueva.

DE MOVIMIENTO POR SU MARTIRIO

La fuerza, como rasgo fundamental, es necesaria en este caso pues debe reflejar los movimientos de angustia y gestos trágicos propios del horror de un martirio. No es difícil comprender por esta razón que, al recurrir a la expresión figura-fuerza, juegue en mi propio ambiente creador.

Muchos creen que una escultura debe ser «bonita» y que ha de gustar a cualquiera que la vea. Y eso es imposible. En una manera de ver y entender la belleza, ésta no es sólo la línea elegante, fina, suave... Belleza es también fuerza, dureza, vigor...

A veces pienso que la intencionalidad de mis «obras» está muy cargada y que sobrepasa el mero valor escultórico ocasionando un «sentido», la búsqueda formal de un mensaje. Esta violencia vibra en mi escultura, que se halla así justificada por el sentido de sus propias consecuencias expresivas.

COSTILLAS DE MADERA DE ASTILLERO

Al querer convertir este sueño en realidad, en el propio tema y aun más allá de él, fui aclarando mis bocetos para pasar rápidamente a su ejecución. El sueño sirve así de fondo para que la estatua tome impulso en su movimiento a través de su reflejo en la madera.

El sentido y el significado de la forma misma dependerán también de innumerables datos en la historia del santo. Creo que el elemento humanista será siempre para mí de importancia básica en la escultura. De lo contrario perdería todo su valor significativo. Así, he querido también que el ambiente astillero tenga un papel importante en esta obra, cruzando la figura-imagen con maderos-costillas.

Muchas veces «gritan> mis esculturas y hago de ellas mis propios sentimientos de protesta o de llamada.

En definitiva, y como idea central de todo el trabajo desarrollado, y vista desde un ángulo objetivo y personal, la escultura de Inurritza es un MASCARÓN DE PROA.

TOMAS MURUA
Eskulturgile.